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Una historia de verdad verdadera



18 / mar / 2013 - Rafael Bargiela

La historia comienza con nuestro protagonista, Alvin Straight (Richard Farnsworth) un señor de 73 años, viudo, que convive con su hija discapacitada Rose (Sissy Spacek). Viven apaciblemente en Iowa. Pero su delicado estado de salud es alarmante: sufre problemas de cadera, enfisema y por si fuera poco, sufre un brusco desfallecimiento en su propia casa. Va a ver al médico y éste le aconseja que se cuide más y que cuide su alimentación (aunque no le hace mucho caso al señor doctor). En esto recibe una llamada informándole del precario estado de salud de su hermano Lyle (su hermano mayor) del que no sabe nada desde hace 10 años y que vive en Wisconsin. Alvin toma la decisión de ir a visitarlo en solitario y con el único medio de transporte que posee: una segadora de las de la vieja escuela. 

A medias entre una road-movie, una película fina y coqueta y un drama entre dos hermanos en el ocaso de sus vidas y que no se hablan desde hace muco tiempo se mueve esta maravillosa y hermosa película. El viaje por la América profunda que hace nuestro protagonista es espectacular, los paisajes que nos transmite la cámara de David Lynch son puros y bellos, pero también solitarios y aterradores. El viaje desde Ohio hasta Wisconsin es merecedor de proclamarse tan bueno como muchas secuencias de Easy Rider. 

La interpretación del protagonista es honesta y sincera, nos alienta a seguir siempre hacia delante, llueva, o exista algún traspiés en el camino, siempre hacia delante. La música nos envuelve y nos hace ver la situación del mismo, que no es otra que estar en paz con su hermano. 

A medida que va avanzando en su espectacular y original viaje nos damos cuenta de la fuerza que tenemos los seres humanos en nuestro interior, ya que en su pésima situación de salud (se ayuda de dos muletas para caminar) y casi sin dinero, lo único que persigue Alvin es la paz con su hermano, la paz consigo mismo. 

Yo la considero una de las primeras películas del siglo XXI (aunque sea del año 1999) y me emocionó sobremanera la película. Las frases son geniales (miradla en versión original) y la apuesta es arriesgada, pero le salió redonda a su director. Es directamente una patada al corazón, una película de una realidad abrumadora. Una maravilla.

Django nos encadenó


19 / feb / 2013 - Rafael Bargiela

Django es apresado y vendido como esclavo. Durante su transporte, sus guardianes se cruzan con un enigmático dentista que quiere comprar a Django. Tras un tiroteo, Django es liberado por el extraño. Dicho dentista resulta ser un cazarecompensas en busca de unos forajidos que sólo Django puede reconocer. A cambio de su ayuda, el cazarecompensas aceptar ayudar a Django para buscar y liberar a su mujer, en manos de un despiadado terrateniente. 

Cuando, hace unos años, se empezó a rumorear con la idea de que Tarantino se disponía a basar su siguiente película en el ámbito bélico de la segunda guerra mundial, intentando revitalizar el estilo del género y llevándose de paso algunas nimiedades sin importancia de la Historia, todo el mundo se echó las manos a la cabeza; bien por alegría, bien por miedo. 

Supongo que la crítica y los admiradores de Sam Peckinpah sentirían un penetrante escalofrío, similar al causado por Tarantino, cuando anunció el que fue su único proyecto bélico, 'La cruz de hierro', una de sus mejores películas. Así, cuando 'Inglorious basterds' se estrenó finalmente no dejó a nadie indiferente, pero desde luego nadie puede negar que entregó todo aquello que Tarantino prometía, con cierta irregularidad en su factura, pero de escenas altamente recordadas por muchos de nosotros. Por ello, poca explicación tiene la sorpresa mostrada tras el anuncio de su inmersión en el western. 

Ávido fan confeso del spaghetti western, el director de Knoxville admira las películas de Sergio Leone o Sergio Corbucci. Este último dirigió una más que irrregular y tosca película llamada 'Django', de la cual guardo el simpático recuerdo de un pistolero arrastrando un ataud, encarnado por Franco Nero, y de la que Tarantino sacó la famosa escena de la oreja para 'Reservoir dogs'. 

Siguiendo su curioso culto al cine que él declara influyente en su vida, esta vez le tocaba el turno a este especial tipo de populares largos del Oeste. Sin embargo, nada tiene que ver el 'Django' de Tarantino con aquel olvidado film de los '60. El director, lejos de contar una historia convencional y llevarla a la excelencia con su poderosa palabra, decide plantar el incendio desde los cimientos, escribiendo una historia protagonizada por un hombre de raza negra que tras ser liberado de las cadenas de la esclavitud comienza un periplo vengativo hacia la liberación de su esposa. Bajo esta premisa, poco convencional en el género, se forma una historia que finalmente, y con toda probabilidad previa de desastre, constituye una sólida, sátira e incendiaria película que deja en pañales a todo aquello a lo que el director dice reverenciar. No todo es genial, no, pero si hay que definir en pocas palabras esta sangrienta producción hay que decir que es en líneas generales un sensacional western

A mí me gusta que me den las noticias malas primero, así que, tras haber dejado claro el talle de la película, destacaré lo que le falta antes de lo que le sobra. Lo que falla principalmente en esta película es precisamente Django. Jamie Foxx, asume correctamente el protagonismo de la película, pero su personaje es el más plano de todos lo que salen en la historia. Tarantino rodea a su personaje principal de un grupo de tan soberbios, cómicos, carismáticos e impactantes compañeros de reparto, que su protagonista pasa a ser únicamente el hilo conductor que justifica la coincidencia en pantalla los otros. Esto queda así demostrado en la parte final de la película, donde Django se debate ya sólo con lo que resta de metraje, dando paso a un más bien predecible acto de pirotecnia cinematográfica cuyo desenlace ya se conoce, y que ni el simpático cameo del director puede solucionar.


A pesar de que dispone de algunas frases con mordiente, si uno se fija, en pocas situaciones suelta más de dos o tres frases seguidas, con lo cual en ningún momento puede llenar la pantalla como hacen Christophe Waltz o DiCaprio en sendos momentos de presentación de sus respectivos personajes, o sobrecoger al espectador con su presencia como maravillosamente hace Samuel L. Jackson

Por otra parte, a modo más de observación que como defecto, los diálogos son geniales como siempre, pero se difunden de manera diferente a otras películas de Tarantino, sin discursos tan largos y de acidez más sutilmente controlada. 

El resto es todo genialidad. Desde la templada y oscura tensión de la secuencia inicial, donde Waltz atrae la pantalla con imanes enganchando al espectador en pocos segundos, pasando por la hilarante secuencia del Ku kux Klan y sus máscaras, o toda la parte en engloba la estancia en la gran plantación, con un gran duelo verbal entre DiCaprio y Waltz por un simple choque de manos. DiCaprio dota a su personaje de todos y cada uno de los tópicos posibles acerca del cliché del terrateniente racista, funcionando a la perfección, desde su vestimenta, su malvada sonrisa, sus ideas sobre los cráneos humanos o la relación con su repugnante hermana. Por si fuera poco, Tarantino se inventa un nuevo tipo de personaje, casi imposible en las mentes americanas, dando luz a un negro que inexplicablemente es experto en la intimidación y tortura de aquellos de su misma raza. 

El estupendo reparto y el dinámico guión se ven endulzados además de una magnífica banda sonora, hecha en exclusiva para la película, y que más de uno deseará saber a quién pertenece. Con todo ello, recomiendo encarecidamente ver la película en versión original, ya que el personaje de Samuel L. Jackson requiere explícitamente de su disfrute en su propia voz, y la lluvia constante de "nigger" tiene muchísima más gracia en su propio idioma. El chico del videoclub sigue ahí.

Cautivos de Hollywood

18 / feb / 2013 - Rafael Bargiela
En el recordatorio de películas que han hecho historia en la ceremonia de los Oscar, no retrotraemos a 1952 para hablar de 'Cautivos del mal'. En este caso, nada mejor que hablar de cine para hacer un especial sobre cine. No dejen pasar la oportunidad de ver esta obra maestra, merece la pena. 

La película empieza con una llamada desde París de un tal Jonathan Shields, pero antes pasa por las manos de tres personajes: dos hombres y una mujer. Y la premisa es la siguiente: Jonathan Shields es un productor que quiere contar con ellos tres (actriz, director y guionista) para relanzar su carrera en el mundo del cine. Los tres le dicen que no. Un cuarto intenta hacerles cambiar de opinión y así rememorar su pasado al lado del productor. De este modo empiezan a recordar y da comienzo la aparición tortuosa del productor en sus vidas. 

Nos encontramos ante una película maravillosa, honesta, dura y sincera. Cine de antaño de muchos quilates. El celuloide visto desde dentro: la unión entre productor, guionista, actor y director (Los 4 jinetes del Apocalipsis), y visto desde fuera en esa industria tan competitiva: ambición, manipulación, puñaladas traperas, medias verdades y absolutas mentiras. Bienvenidos a Hollywood, el lugar donde sus sueños pueden hacerse realidad

Es una cinta enorme en todos los sentidos. A pesar de tener más de 50 años se mantiene más actual que nunca, habla de unos temas muy vigentes hoy en día. Aunque se esté hablando del Hollywood dorado lo que refleja la película todavía pasa hoy en día. El guión y como está tratada la relación de cada uno de los tres protagonistas (el director, la actriz y el escritor/guionista) es fantástica y muy bien hecha. Las frases del guión son inmortales, brillantes, ácidas, mordaces. Como por ejemplo esta: Una chica le dice al personaje que interpreta Kirk Douglas (que está espléndido en esta cinta), "eso es solo un sueño hermoso", a lo que él responde: "Lo sé, pero los sueños tienen que ser hermosos". No se puede decir tanto con tan pocas palabras. 

Las interpretaciones son algo muy digno de mención. Sobre todo dos, la de Kirk Douglas y la de Lana Turner. La primera, haciendo de un productor con una solo idea fija: ser el mejor, y cambiar el mundo del cine. Y cómo conseguirlo: de cualquier forma, cualquiera vale, cualquiera. Y la segunda, interpretando a una actriz de segunda fila, insegura y borracha, que de la noche a la mañana se convierte en toda una estrella. Unas interpretaciones estremecedoras. Los demás, al mismo ritmo que estos dos monstruos. 

Se podría decir que en esta película la palabra dominante podría ser: ambición. Y no le faltaría razón a los que apoyasen la idea. Pero también hay otras muchas cosas: amor, falsedad, hipocresía, dureza, vida, reveses, altos y bajos; en fin, Hollywood... vista desde su cara sombría. Hollywood vista desde el lado oscuro de la luna. 

Recomiendo esta película a gentes de todas las condiciones y con edades comprendidas entre 12 y 95 años. Además es una película con el beneplácito de la academia (5 Oscar), aunque pueda verse como una crítica feroz a ese sueño dorado de luces, champán y chicas bonitas. La belleza y el horror del cine: pasen y vean.

Network, larga vida al periodismo

18 / feb / 2013 - Rafael Bargiela.
Empezamos la semana especial de los Oscar con una película que tiene un doble significado. Por un lado, habla de periodismo, así que nos enrollamos en ese propio homenaje a la hora de hacer este especial. Y por otra parte, ganó cuatro Oscar (1976), destacando el premio a los dos actores principales y el secundario en mujeres. Sin duda, todo un logro.

En cuanto a la propia cinta, el argumento pivota en torno a un veterano y carismático presentador de informativos que es despedido cuando su programa pierde un gran número de espectadores. Después de haberle dedicado una parte muy importante de su vida esta noticia es cruel y lo deja hundido. Como despedida del programa, y en su última intervención, le dejan decir unas palabras para sus fieles oyentes, y en medio de esto suelta ante la cámara que en su última aparición televisiva se va a volar la tapa de los sesos delante del televisor, esta noticia causa un gran revuelo y todos creen que se ha vuelto loco.

Una productora sin ningún escrúpulo idea una nueva modalidad para el programa de nuestro protagonista (el que se vuelve loco), y lo convierte (en parte gracias a él) en una especie de profeta que dice verdades como puños ante la atónita expectación de los norteamericanos que lo miran al detalle. Pero claro, cuando no funcione, a la calle. La ley del espectáculo: todo lo que sube tiene que bajar.

Es una película para estar muy atentos, los diálogos son muy frescos, directos, punzantes, de un nivel muy alto, preciosistas, maravillosos. Se ven nítidas las relaciones entre los protagonistas (Duvall, Dunaway, Finch y Holden están inmensos), y los sentimientos de cada uno están aún mejor delineados si cabe. Un pincel de cerdas finas para pintar un óleo de sensaciones y de emociones impactante.

Como bagaje de la película, podemos hablar de cuatro importantísimos premios a esta lúcida y maravillosa crítica hacia el periodismo. Tres Oscar a sus intérpretes, uno para Faye Dunaway, otro para Peter Finch, otro para un secundario de lujo. Y el colofón: a mejor guión original. Pocas veces se dan galardones tan merecidos.

Otra película clásica pero con un tema muy ocurrente y actual para este mundo en que vivimos: hay que hacer de todo para vender, da igual a quien te lleves por delante o lo rastrero que tengas que ser. Solo vale una cosa por encima de todas: el éxito.

Les contaré algo: cuando un amigo me la propuse me dió mucha pereza, pero la puso igual (siempre me pregunta que quiero ver), pero acertó de pleno. Me enamoré de esta dura pero real montaña rusa de emociones. Larga vida al periodismo.

'Inside Job', el inicio del mal

1 / feb / 2013 - Rafael Bargiela
Oscarizado documental que cuenta los orígenes, causas y culpables de la brutal crisis económica estallada en 2008. Paso a paso se van destapando los diferentes acontecimientos y fraudes, desde los años '80 hasta la actualidad, que dieron lugar al mayor azote económico desde la fundación del capitalismo. 

El eslogan de la película dice "la película que costó 20.000.000.000.000 de dólares". Bonito resumen en números de las pérdidas provocadas por la crisis desde 2008. Millones de personas en todo el mundo perdieron sus trabajos, sus bienes, sus casas y se vieron arrastrados a la pobreza. Lo vemos día a día tanto en nuestro país como en noticias que vienen del extranjero. Las consecuencias son evidentes y no necesitan ser numeradas una y otra vez. Pero, ¿Y las causas? ¿quién tiene la culpa de semejante catástrofe? 

Este elaborado documental, narrado en su versión original por Matt Damon, divide su exposición en varios capítulos, comenzando en los años 80 con la desregularización económica, pasando por la formación de la burbuja económica, el comienzo de la crisis y su desastre final. La película desmenuza paso a paso una cantidad brutal de información, contrastada por eminencias políticas y económicas que mantuvieron posiciones clave durante el origen, consecución y afianzamiento de la crisis. Se debaten punto por punto las diferentes acciones tomadas por los políticos, gerentes de bancos y jefes de la bolsa que tuvieron papeles fundamentales en el asunto, muchos de los cuales se fueron enriqueciendo durante años a base de la especulación, siendo sin embargo espectadores de primera mano del problema que se estaba formando. 

Tras el crack del 29, la economía de EE.UU., pilar principal y más fuerte de la economía mundial, se transformó en un mercado monetario seguro y cauteloso. Se prohibía la especulación del dinero, por lo que los bancos y prestamistas solo prestaban dinero cuando lo tenían, lo que propiciaba además el hecho de que no se lo dejaran a cualquiera. Así, pasaba lo mismo con los inversores, únicos autorizados a especular con su dinero, pero como éste era el suyo propio lo hacía con sumo cuidado. Pero llegó Reagan, quitó la regularización económica, y los bancos empezaron a hacer acrobacias con el dinero. Con este paso tan sencillo arranca este fascinante y a la vez indignante documental, aclarando y explicando lo más en cristiano posible cada una de las debacles económicos enlazadas a partir de los 80. 

Significativamente, muchos de los aparentes culpables se negaron a declarar para este documental. Un silencio muy esclarecedor. Estando todavía aún bajo la influencia de la enorme recesión económica, esta película es una documento excelente para comprender nuestra situación actual y ver que las cosas no se desencadenaron en un periodo corto de tiempo, sino que fue algo visible, previsible y evitable si los responsables al cargo de nuestro dinero no tuvieran tantas ganas de limpiarse el culo con él.